jueves, 25 de septiembre de 2014

No nos conocimos, nos re encontramos.

¿Cómo nos conocimos? 
Nos conocimos un día de invierno, aquél fin de semana de esa semana tan  larga. Estaba tranquila en la hacienda de mi familia, pensando ¿qué será de mí aquí, aburrida, sin prospecto de vida, sin emoción ni amor? Mi cuñado entra a la habitación, me dice que sí quiero acompañarlos a dar la vuelta, han construido una nueva plaza comercial y parece ser que está muy padre. Accedí, ya que no tenía nada que hacer más que lamentarme de mi banal existencia pero en el camino a la plaza hicimos una pequeña parada en una casa obscura dónde nos invitó a pasar una señora de cabello negro y ondulado. Esperábamos a alguien, ¿pero quién era ese alguien? Entonces lo vi bajar, un chico alto, moreno y guapo, tal como aquella película de Woody Allen. 

Saludó con alegría a mis acompañantes repartiendo abrazos y besos, palmadas en la espalda y sonrisas; era mi turno de ser presentada pero al parecer no necesitaba presentación, él ya me conocía y yo a él. Nos miramos fijamente, tratando de esconder la dicha que era el conocernos. La noche transcurrió bien, las botellas de vino tinto murieron al son del ¡salud!, anécdota tras anécdota, -¡que interesante hombre! pensé, hasta que sacó la guitarra y empezó a deleitarnos con su talento.  Me declaré fan desde el momento en que empezó a tocar Black de Pearl Jam y después de 2 ó 3 clásicos del grunge salimos a pasear.  Llegamos a  nuestro destino, emocionados, aunque nunca entendí el por qué mi corazón latía tanto y  después de dar algunas vueltas sin sentido nos paramos a descansar. Él sacó un cigarrillo y lo encendió sin mirar a nadie, sin importarte quién estuviera junto a él; sacó unos más, lo encendió y me lo dio mirándome fijamente, pensé que era una coincidencia ya que yo fumaba los mismos cigarros y lo acepte. Cómo dos adolescentes vestidos de negro, fumamos y fumamos mientras mi hermana y mi cuñado asaltaban sus carteras entrando y saliendo de tiendas nuevas cada 15 minutos. Había un sentimiento de camadería que sólo pocas veces en tu vida tienes con una persona que acabas de conocer, pero bueno, nosotros ya nos conocíamos, nada más nos re encontramos una vez más en esto que se llama universo.

Terminó el día, la emoción bajó a cero y volvimos a su casa donde nos despedimos con tristeza ¿cuánto iba a pasar para disfrutar de este personaje una vez más?
Una pregunta que tardó 4 años en tener una respuesta.
Los años han pasado y los eventos que hemos enfrentado nos han hecho más fuertes, los días no son lo mismo sin tomarle la mano, las noches son largas si no está a mi lado. Me pongo a pensar cómo ese hombre alto, moreno y guapo que conocí hace ya 7 años es en estos momentos el ser más importante de mi vida, mi alma gemela, mi acompañante, mi seguidor, mi apoyo y mi tormento. Todo eso es él y todo eso somos nosotros.

Nos amo cómo amo al sol, mis días comienzan y terminan a su lado y aunque muchas cosas han pasado, nosotros seguimos jugando al juego que se llama amor.
Lo que no sabemos es qué los dos ya somos ganadores. 

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